NO TENGO NADA QUE HACER
martes, septiembre 28, 2010

Los dos grandes errores de la mente humana

Los dos grandes errores de la mente humana


Se dice que la experiencia es la madre de la ciencia, que de los errores se aprende y que la historia sirve para construir y comprender el presente. También se dice que hay que sembrar para recoger un buen futuro, que nadie sabe lo que va a pasar, que más vale ser precavido. Día a día, sin que nos demos cuenta, va calando en nosotros toda una serie de máximas que, consciente o inconscientemente nos evade del presente, haciendo que nos preocupemos por un tiempo que en estos momentos, simplemente, no existe.

Así... tenemos dos grandes vectores de pensamiento que definen nuestra cotidianidad: el pasado y el futuro. El pasado nos sirve para memorizar lo que ocurrió haciendo uso de una actitud errónea. El futuro para preparar el presente de manera adecuada.

Sin embargo, esta forma de pensamiento ha llevado al hombre de hoy día a obrar erróneamente. Se lamenta del pasado y teme al futuro, constantemente. Y la realidad es que el hombre moderno tiene cubiertas todas sus necesidades y debe enfocar su potencial a vivir el momento. La razón es que posee una gestión del conocimiento apoyada en una sociedad muy rica (de la que siempre puede extraer lo que necesite). Pero, por paradójico que parezca, mira al pasado con nostalgia, lamentándose de lo que fue, y teme al futuro y a la incertidumbre.

Así pues, es tarea inútil e infructuosa pensar en el pasado y el futuro de forma constante y negativa. El pasado no se puede cambiar. El futuro no se puede planificar. Podemos pasar años pensando en el pasado y nada de lo que ocurrió va a cambiar; de nada vale lamentarse. En cuanto al futuro... podemos estar una semana entera temiendo la llegada de un día terrible en el trabajo... llegará ese día... y las tareas saldrán solas, sin problema alguno.

Por supuesto, se puede dar el caso de que SÍ existan problemas reales y fundados. Bueno... ¿cuántas veces nos hemos visto con problemas a lo largo del día y se van resolviendo uno tras otro? ¿Cuántas veces al terminar el día hemos pensado ‘con lo difícil que se presentaba el día y ya está todo resuelto’?

Ese es el espíritu que debemos desarrollar. Un espíritu de tinte bohemio, de despreocupación. Una actitud que nos permita relajarnos antes los problemas que nos aquejan. Problemas que siempre están causados por recuerdos o elucubraciones. Pensamientos sobre lo que ocurrió o está por ocurrir. Cuando lleguen esos pensamientos... lo mejor es desecharlos.

¿Quién no conoce la fábula de la hormiga y la cigarra?. Durante todo el verano, la hormiga almacenando víveres, mientras veía cómo la cigarra alternaba en clubes nocturnos porque su canto gustaba a mucha gente... sin trabajar en absoluto para cuando llegase el duro invierno. La hormiga, día tras día, almacenando cereales en su hormiguero, mientras veía cómo la cigarra perdía noche tras noche cantando en los clubes de la zona. Al llegar el verano, resulta que un representante de grandes estrellas visitaba la comarca y se quería llevar a la cigarra a cantar al extranjero. No le hizo falta jamás recolectar víveres para pasar el invierno... la hormiga, sin embargo, había pasado todo el invierno trabajando, sin descanso... para tener un invierno seguramente menos digno que la cigarra.

¿Quiere decir esta fábula que debemos relajarnos a ver ‘qué sale’? ¿Debemos no tener ningún tipo de plan en nuestra vida, ninguna guía, ningún principio? Obviamente, in meritam virtus (en el equilibrio está la virtud). No hay que tirar la casa por la ventana, pero tampoco llegar a la preocupación extrema de sólo vivir para trabajar porque, quizás, cuando llegue el futuro, no tenga para comer.



¿Y si ese futuro no llega nunca?

Seguramente conozcas aquel hombre que pasó semanas preocupado porque alguien vaticinó las catastróficas consecuencias del efecto 2000. Catástrofes de tal envergadura que acabarían con su empresa. Pocos días antes se suicidó.
El año 2000 llegó, hubo fuegos artificiales en nochevieja, churros con chocolate por la mañana, y cuesta de enero en el corte inglés. Nada más ocurrió. Sólo que ese hombre ya no estaba en el mundo para verlo.

Como éste, podemos describir varios ejemplos de pensamiento erróneo, mucho más comunes. Pensamientos donde el pasado y el futuro están presentes. Pensamientos que podemos desechar en cuanto llegan a la mente, sabiendo qué no deben existir porque apenas sirven para nada.

Ejemplo 1: Una mujer joven es abandonada por su novio antes de casarse. Los primeros pensamientos que le vienen a la cabeza son los referentes a su actitud con él en los últimos meses. Él ha decidido rehacer su vida, cambiar de aires, estar con otra chica, dejar el trabajo y/o la ciudad. El caso es que él ha desaparecido de su vida. ¿De qué le sirve pensar constantemente en sus errores? Debe aprender de ellos, no lamentarse, porque era necesario que se equivocara, lo necesitaba para mejorar. ¿De qué le sirve amargarse, llorar, no disfrutar del día a día? De nada... llegará otro chico a su vida, del que se enamorará. Y tal vez se volverá a desenamorar. Y, entonces, será éste último en el que piense. Y... ¿de qué le habrá servido preocuparse tanto por aquellos primeros errores... que tanto le sirvieron para esta segunda relación?

Ejemplo 2: Un hombre de avanzada edad pasa preocupado dos semanas. En dos semanas se decidirá un importante hito en su empresa: sus acciones y gran parte del negocio se venderá al extranjero. ¿Qué ocurrirá con su puesto? ¿Cómo se verá afectado económicamente? ¿Qué pasará con su hogar, su mujer y su familia? Durante días no para de darle vueltas a todo lo que concierne al negocio. Llega el día de la venta de acciones y nada se resuelve, la compañía compradora se retira de la puja... y este hombre ha pasado quince días sin pegar ojo pensando en los grandes males que sufriría tras esta compra-venta. Un absurdo comportamiento basado en un pensamiento erróneo. Un pensamiento de una acción que nunca llegó a materializarse. Y que, si llegara a materializarse, hubiera sido igual de llevadera que el resto de problemas que esta persona ha tenido que manejar en su vida.

Ejemplo 3: Después de cinco años, un joven de 25 años rompe su relación con una chica de la que estaba profundamente enamorado. Bueno... culpa de uno, de otro, de los dos... el caso es que esa relación ya no existe. NO hay aparente culpa de nadie, pero él no deja de pensar en el factor tiempo. ‘¿Y si soy demasiado viejo?’ ‘¿Y si me paso solo lo que me queda de vida?’
Obviamente, al cabo de un tiempo aparece otra mujer. Y, después de un tiempo, esa mujer desaparece. Y llega otra. Y también se va. Y, tras idas y venidas, este hombre tiene 48 años y, con muchos amigos, una vida llena de experiencias, amores y desamores... se enfrenta a un cambio de trabajo y un nuevo amor. Y siente que vuelve a ser joven. Y se acuerda de sus 25 años... cuando temía lo que le ocurriría cuando fuera ‘viejo’. Y ríe.

Realmente... ¿nos merece la pena pensar en lo que pasó o en lo que está por llegar?

La realidad está aquí y ahora. Lo demás se fué o vendrá, pero nunca dependerá de nosotros. Cambiemos nuestra forma de pensar y de ver el mundo. Afrontémoslo con ganas, decisión y una actitud positiva.

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