NO TENGO NADA QUE HACER
jueves, julio 30, 2009

La idealización de una persona

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¿Por qué una persona idealiza a otra en tanto en cuanto ésta no está a su lado?


La mente humana tiende a la perfección en su pensamiento. Solemos fantasear con momentos, objetos, personas y situaciones.
¿Qué hace el cerebro al idealizar? Básicamente, construir una imagen perfecta de aquello en lo que pensamos. Sencillamente, si algo nos atrae empezamos a darle una forma óptima. En nuestro pensamiento no hay cabida para un error. Es decir, si tienes que imaginarte a una persona explosiva no vas a imaginártela con un grano de pus en la frente. Todo en ella debe ser perfecto, basado en tus cánones e ideales de belleza. Si, por otro lado, te imaginas una fiesta de Nochevieja, todo es absolutamente divertido, ligas, eres el rey o la reina de la noche y llegas a casa impoluto/a, tal y como quedaste antes de salir de casa. Si piensas en un nuevo trabajo que te resulta inalcanzable, pensarás que tus compañeros son todos grandes amigos, que hacéis juntos una gran piña, que las oficinas son megamodernas, y que no haces más que recibir halagos por todo lo que haces.

Un cúmulo de pensamientos que provoca las llamadas expectativas. Expectativas que, por lo general, hacen que las cosas no sean lo que esperábamos.

Sin embargo, y aquí está la gracia del asunto, es que mientras la expectativa prevalezca sobre la experiencia, el objeto de la idealización seguirá siendo atractivo e irresistible. Es el caso de una fantasía sexual, o aquella persona a la que debíamos haber besado y acompañado a casa el día que se quedaba sola (en lugar de pensar que seríamos más caballeros besándole en la mejilla y diciéndole buenas noches). Pues bien, estas situaciones que se nos escapan, quedan inmortalizadas para siempre. ¿Cómo hubiera sido? ¿Por qué no aproveché la situación con aquella mujer? ¿Qué tal sería ese chico en la cama? ¿Y si nos hubiéramos ido a vivir juntos? ¿Cómo serían nuestros hijos? Y así, empiezan a hundirse las espinas en nuestro recuerdo, aquello que no se ha materializado. Y sentimos que ocurre lo que en el proverbio chino: ‘hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida’.

¿Por qué existe este proverbio? Suponemos que por personas que mantuvieron idealizado su recuerdo, hasta el final de sus vidas. Por la AUSENCIA de aquello que quisieron tener… y nunca tuvieron. ¿Serían infinitamente felices si lo hubieran conseguido? ¿Seguirían yendo a esa fiesta o saliendo con aquella chica del beso no dado? Con toda probabilidad, no. Pero la idealización del momento es tan fuerte que se ha convertido en sueño, en irrealidad, en fantasía.

Y, como hemos dicho anteriormente, es la AUSENCIA la que hace florecer este deseo y con la que se debe jugar mínimamente para hacer que una persona idealice y potencie nuestra imagen, hasta límites insospechados. Porque, como hemos dicho, el cerebro formará siempre una imagen perfecta de aquello con lo que fantaseamos. Y esto provocará esa cruel verdad para muchos: EL AMOR SE GENERA EN LA AUSENCIA.

¿Cómo es eso? ¿No nos enamoramos de una persona estando a su lado? No. No surge estando a su lado. No es hablando con ella, haciendo el amor con ella, ni viajando con ella. Fijaos que empezamos a idealizar a una persona con frases del tipo: ‘joder… qué tío/tía... madre mía… creo que me estoy enamorando’, siempre en momentos de ausencia. Antiguamente, esto era propio de las relaciones por carta, en las que dos amantes no se veían en meses y anhelaban un simple escrito para idealizar a su pareja en la distancia. Y esos amores tenían una intensidad brutal.

Actualmente, con tanta comunicación por medio, la idealización es un recurso al que es difícil recurrir, aunque suele suceder cuando acompañamos a una persona con la que acabamos de salir y la despedimos en su puerta, cuando acercamos a una reciente novia al aeropuerto para un viaje de vacaciones con su familia o, incluso, cuando estando con él en casa, vemos cómo se levanta de la cama y se pone a hablar por teléfono… a su bola, sin hacernos mucho caso.

Suelen ser motivos suficientes para enamorarnos, matizados por pequeños gestos o comentarios que se dan en ese momento, y que duran en nuestra cabeza quizás para siempre.

Yendo aún más lejos, y tocando algo tristemente habitual, la idealización se da cuando todo va bien y una persona dice: ‘no creo que tengamos que seguir, creo que me estoy equivocando’. El miedo de no tener a esa persona, de perderla en ese instante, provoca que el cerebro se autobombardee con pensamientos del tipo: ‘no, no puede pasarme esto, este tío/tía es genial, es lo mejor, si me deja me muero, pero cómo me puede pasar esto otra vez, no, no, ¡no!, esto no puede suceder ahora, ¡quiero que ella/él esté a mi lado!’ Y ya puede ser esa persona poco agraciada, que como sepa generar ausencia en la otra, mínimamente dependiente de una relación, la idealizará al 100 por cien...

... y la persona que genera la ausencia lo conseguirá al 100 por cien.

Pablo Neruda decía en sus versos: ‘Me gusta cuando callas, porque estás como ausente’. Es la ausencia la que atrae. Es como un salvapantallas: cuando la relación pasa a inactiva, salta el ‘salvapantallas’ de la idealización y nuestra cabeza comienza a atribuirle todo lo positivo que seamos capaces de imaginar. A fin de cuentas, ¡nadie nos puede decir lo contrario! Es decir, si nos imaginamos que esa persona es capaz de conquistar a cientos de hombres o mujeres por su belleza y empezamos a fantasear con ello hasta llegar a lo negativo, la relación llegará a romperse y nosotros nos quedaremos con todas esas historias en la cabeza, siendo muy seguramente el 90 por ciento de ellas falsas, pero el daño que nos hace pensarlas tiene este cariz debido a nuestra evidente falta de autoestima, por haber idealizado a una persona, por sentirnos pequeños a su lado.

Idealizar es sentir que aquello a lo que empezamos a amar es perfecto, incluso más que nosotros mismos.

¿Formas de evitar la idealización en la ausencia? Queriéndonos más a nosotros mismos, teniendo una autoestima fuerte. ¿Que ella es guapa? Si nosotros nos queremos sabremos que es un atributo físico, sin mucha importancia, y que pasearnos con tal ‘monumento’ no nos va a reportar nada. ¿Admiración de la gente? Bueno… consideramos más importante valer por lo que uno es que por lo que tiene.

Si es que se puede ‘tener’ a una persona…

Y así, a empareja2.es llegan personas que habían idealizado tanto a su ex, tenían el cerebro tan programado únicamente para ensalzar sus virtudes, su pelo, sus ojos, su boca, sus pechos, su culo, que lo único que consiguieron era ver a su ex por todos lados. En el metro, en una agencia de viajes, en una discoteca, en una parada de autobús, en la cola para sacar dinero del cajero. En decenas de ocasiones incluso se adelantaban varios pasos corriendo por la calle, para mirarle a la cara y ver si era esa persona de la que se enamoraron. O cruzaban la acera por ver a una persona que, objetivamente, no se parecía a su ex, pero en su cabeza era el vivo retrato.

Si bien es cierto que un poco de ausencia es buena para enganchar a otra persona, la ausencia de autoestima aderezada con mucha ausencia provocan relaciones fallidas que quedan como objetivos platónicos que, muy probablemente, jamás se conseguirán.

¿Cuál es la forma de saldar una idealización exacerbada? Vivir. Vivir mucho. Darse cuenta de que si una persona que consideramos 'guapa' nos quiso no era más que una persona, independientemente de la puntuación que le pusimos. Y si fuimos atractivos para una persona, lo seremos para otra y para otras. Y teniendo experiencias con ellas, llegaremos a donde debemos llegar, a darnos cuenta de que las mujeres y los hombres no son más que personas, no dioses o diosas del Olimpo, y que perseguir imágenes es más propio de gente anclada en el aburrimiento y en el pasado, que no son capaces de vivir cosas nuevas en el presente.
Fuente:empareja2.es

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