NO TENGO NADA QUE HACER
jueves, julio 16, 2009

LA BUSQUEDA DEL AMOR [LECTURA]


¿Por qué buscamos el amor?

Desde que somos niños, desde nuestra más tierna infancia, nos han inculcado en la cabeza la idea de que al ser mayores, al ser adultos, nuestras vidas, para que sigan un “correcto” camino, han de acabar en la unión con otra persona. Nuestros mayores siempre nos han enseñado que la realización máxima del ser humano es encontrar un trabajo estable, que nos dé independencia económica, una pareja con quien compartir la vida y una prole que nos haga sentirnos satisfechos con nosotros mismos por haber dejado un legado, algo que demuestre que hemos estado aquí y que hemos sido personales normales, honestas, todo un referente sobre lo que el ser humano civilizado y moral debería ser.

Eso es lo que nos han contado, lo que nos han transmitido, lo que hemos “mamado”, visto en películas, leído en libros, escuchado en historias de otros... siempre la misma canción: un final feliz donde dos personas se unen y obtienen su máxima realización como personas estando en pareja. Pero las cifras no mienten, y a día de hoy por todos es sabido que las rupturas, las separaciones y los divorcios están a la orden del día. Muchos lo achacan a que “las personas ya no se soportan”. La independencia de ambos sexos, tanto económica como psicológica, la igualdad entre hombres y mujeres, las oportunidades de la vida y el “libertinaje” están en el punto de mira de las razones por las cuales las parejas no aguantan juntas.

Y sin embargo, tras los descalabros sentimentales, tras las lágrimas vertidas, los traumas sufridos y todo un sin fin de problemas... seguimos buscando el amor. Y no solamente eso, sino que pensamos que lo que hemos vivido no ha sido amor, sino una sombra de lo que realmente nos llegará: El Gran Amor. Ese amor que transformará nuestras vidas, que nos hará ver que todo lo anterior no ha sido más que un breve roce de lo que realmente nos está por venir. Probamos, una y otra vez, con más relaciones, más personas, más situaciones y experiencias. Sin embargo, el tiempo pasa, y la gente no termina de encontrar ese El Dorado que es el amor de su vida.

¿Qué es lo que ocurre entonces? Si estamos predestinados para encontrarlo, para hallar esa dicha en pareja, ¿por qué una vez que tenemos la situación apropiada ésta no llega? Y no sólo eso, sino que en su ausencia la desdicha es puesta en su lugar, otorgándonos un sin fin de posibilidades negativas que hace que la gente sufra verdaderos infiernos sentimentales.

Algo falla...


¿Qué hay realmente tras esa búsqueda?

Queremos creer que las razones anteriormente citadas (y un sin fin más que no es posible enumerar) son las que nos obligan, muchas veces inconscientemente, a seguir una rutina en nuestra vida como es la constante búsqueda de esa pareja perfecta, la cual nos haga flotar en una nube, nos haga amanecer con una sonrisa en la cara y nos alimente ante la hambruna de la vida real: una vida llena de problemas, hipotecas, envidias, celos, tristeza, depresión, descontento, mal humor...

Pensamos que la sociedad nos ha formado, directa o indirectamente, de una manera en la cual el ciclo natural del ser humano es crecer, unirse emocionalmente de por vida, tener un empleo respetable y honesto, formar una familia y, una vez obtenido todo esto, es cuando puedes ser feliz. Mientras que no tengas eso, mientras que te falte alguna de esas “cualidades” o tengas alguna carencia, tu vida no será completa. Tu felicidad imposible.

Uno de los verdaderos motivos por los cuales la gente busca constantemente el amor, es la soledad. A continuación, veremos una serie de frases que seguramente todos hayáis escuchado alguna vez.

- “Odio dormir solo/a.”
- “Me veo raro en cenas con amigos/as, donde se ven parejas felices, y yo voy siempre solo/a.”
- “Me gusta tener a mi lado alguien con quien contar, con quien compartir cosas. Alguien en quien confiar y a quien querer. Alguien que me aporte una armonía y tranquilidad que no me pueda dar otra persona.”
- “Pienso que ya tengo una edad para dejar de salir y conocer gente. Creo que ha llegado el momento de sentar la cabeza y vivir con alguien. He tenido muchas experiencias en mi vida y al final, todo es lo mismo. Es hora de parar.”

¿Qué encontramos como denominador común en todas estas frases?. La soledad. Simple y llanamente. Personas que se sienten solas, que no se encuentran realizadas porque les falta algo. Personas que piensan que su media naranja, su amor perfecto, deambula perdida por el mundo, buscando como ellos hacen. Hombres y mujeres con un potencial increíbles para realizarse como grandes seres humanos, pero que creen que el compartir su vida con alguien es el mayor de los regalos. La máxima realización.

Otro motivo a destacar es el aburrimiento. Mario sale de trabajar y piensa “¿qué hago ahora? Jesús y Bernardo estarán con sus respectivas parejas, imposible quedar con ellos. Nacho (el mas activo socialmente) hasta el jueves no sale de su rutina laboral. Me faltan planes, no tengo gente con quien salir. No tengo nada que hacer”. Caldo de cultivo para que alguien como Mario, una persona sin afán ninguno, sin motivaciones o metas, se introduzca en una relación de pareja. Así dejará de estar solo, de aburrirse; tendrá con quien ir al cine, a cenar, a tomar una copa... Mario se sentirá “vivo” de nuevo porque su vida se encuentra en movimiento. Y no solo eso, sino que desarrollará una serie de sentimientos y dependencias sobre su pareja que le hagan flotar en una nube. Se embarcará en cruzadas para realizar regalos, visitar exposiciones, fines de semana románticos... El sol luce en el cielo y no hay a la vista ninguna nube que eclipse algo tan perfecto.


¿Es algo necesario para ser feliz o simplemente el indicio de alguna carencia?

Al pensar en lo que el amor nos puede ofrecer, nos viene a la cabeza una gran cantidad de motivos. Pensamos que un amor de verdad nos llenará como nada lo hace, nos aportará lo que nada material pueda aportarnos y abrirá nuestros corazones para sacar lo mejor de nosotros mismos. Toda una idea romántica de lo que es el amor y sus ventajas.

Pero... ¿qué hay de esas personas que son felices sin tener una pareja? Paula es una mujer independiente, con un buen trabajo que le ofrece la oportunidad de tener una vivienda alquilada, un armario repleto y unos fines de semana socialmente activos. Entre diario, Paula realiza un voluntariado dos días a la semana. Los días que no lo hace, los dedica a realizar deporte y a estudiar un idioma que siempre le llamó la atención. Cuando le queda un par de horas libres, siempre trata de ver a alguna vieja amistad para fortalecer lazos y estar al tanto de la gente a quien quiere. Su familia es atendida los domingos, día que siempre usa para visitar a su madre y hermanos. Paula no tiene pareja; tiene alguna que otra aventura con el sexo contrario, en las ocasiones que ella, como persona adulta y madura, considera adecuadas. Ningún patrón de comportamiento, nada de salir de noches locas a ligar y enrollarse con el primero que la diga “bonita”. Todo hecho siempre desde los valores que ella, como mujer, se adjudica y hace suyos. Si le preguntas a Paula, te dirá con toda seguridad que es plenamente feliz.

¿Qué tiene Paula que no tiene Mario?, ¿por qué ella no necesita a su lado alguien que le atiborre de regalos, con quien ir al cine, con quien cenar o tener una buena noche de sexo? Es muy sencillo: la vida de Paula es plena, es autosuficiente. Ella hace lo que desea hacer, utiliza su tiempo para sí misma y para los que ella quiere. No le hace falta tener a alguien para ir al cine (aunque tenga amigos) porque ella dispone de otras actividades con las que llenar su tiempo. Y si quiere ir al cine, utilizará el momento adecuado para llamar a alguna amiga que le acompañe. No necesita una rutina, no necesita alguien a su lado o a quien llamar todos los días porque ella no tiene tiempo para eso. Sólo tiene tiempo para tener una vida completa y personalmente enriquecedora, sin dependencias emocionales, ya sea de compañía de amistades o pareja.

Mario y Paula nos muestran a la perfección dos roles de tipos de vida: en una observamos alguien vacío, que necesita la compañía de otras personas para no sentirse solo o aburrirse. En otra, vemos el claro ejemplo de una persona fuerte, independiente, con una vida atractiva y llena de posibilidades y experiencias. La búsqueda del amor en la mayor parte de los casos implica razones más reales que el propio amor; esa búsqueda oculta frustraciones, soledades, complejos y sobre todo y ante todo miedo. Miedo a sentirse solo, a no sentirse querido. Miedo a que no le importes a nadie, a que la gente no cuente contigo. Miedo a ser uno más, a no ser importante para otras personas. Miedo a tener una vida vacía, a no ser merecedor de alguien con quien compartir.


Los mismos comportamientos conlleva los mismos resultados

La vida, en su asombrosa sabiduría y enseñanza, a base de las experiencias nos muestra parte del camino. Nos hace ver en las situaciones en las cuales estamos en la oscuridad. Nos ofrece indicios de qué nos ocurre y por qué. Muchas personas conocen los motivos anteriormente citados. Conocen sus propios errores y flaquezas. Sin embargo, siguen tropezando una y otra vez en la misma piedra. Siguen buscando y esperando, estando alertas, deseando que llegue esa persona especial, sin tener algo en cuenta: un mismo comportamiento siempre lleva a un mismo resultado. Dos y dos son cuatro, por mucho que lo mires o muchas vueltas que le des. Así funciona con el comportamiento humano.

Elena no se encuentra en su mejor momento. Felipe, su último novio (4 años de relación) acaba de dejarla. Dice que se siente atado y que quiere tener más experiencias, que ella es una mujer estupenda que se merece lo mejor del mundo, pero que no están hechos para estar juntos. Elena sabe que realmente Felipe se ha cansado de ella y que lo que quiere es experimentar con otras. Ella maldice una y otra vez todos los regalos que le hizo, las cartas de amor que le dedicó. Maldice contra esas cenas maravillosas que le preparaba o que le llamara tres veces al día. Odia con todas su fuerzas cuando le enviaba un sms de buenas noches y cada vez que esperaba ansiosa la contestación. Piensa que algo debe de estar fallando en ella, y sabe lo que es: su dependencia.

Elena es una mujer guapa, joven, muy inteligente, que tiene una carrera universitaria y un trabajo bastante cómodo y bien renumerado. Su familia la adora, tiene unos sobrinos a los que quiere con toda su alma y en el garaje del piso que le regaló su padre está un coche que se acaba de comprar. Tiene lo que mucha gente desearía tener, y algo más: un novio al que quiere con toda su alma. Ella es feliz con su pareja, al cual colma de atenciones y por quien está siempre que lo necesite. Hace un tiempo, tuvo una ruptura con un chico con el cual estuvo tres años, quien la dejó porque ella le presionaba mucho. Pero Elena sabe que con su chico actual todo va a ser distinto, porque él sabe apreciar de verdad lo que ella es capaz de dar por su pareja, siendo ella tal y como es.

Sin embargo, Felipe se cansó de ella y la dejó. Dejó a esa chica maravillosa, guapa, alegre y divertida. Dejó a esa chica que, materialmente, es interesante. Dejó todo en busca de una vida llena de actividad, de independencia y de más mujeres. Algo parecido a lo que le pasó a la ex pareja de Elena, el cual aún se encontraba por debajo de los veinte cuando ella no le quitaba la vista de encima y sólo quería estar con él, no dejándole tener planes con sus amigos si ella no estaba presente.

Aquí podemos ver la historia de una mujer que tiene una gran problema de dependencia. Lo sabe, es consciente de ello. Sin embargo, no hace nada por solucionarlo, y arrastra el problema de relación a relación, con los mismos resultados en todas ellas. Muchas veces conocemos cuáles son los problemas en nuestras vidas. Podemos tener una vaga idea de qué es lo que no va bien, o saber a ciencia cierta que algunos comportamientos... no conllevan a nada bueno. Sin embargo, seguimos realizando los mismos actos, pensando que de todo lo pasado se ha aprendido y que la siguiente vez será distinta.

Pero no se hace nada por cambiarlo, seguimos comportándonos de la misma forma. Obteniendo siempre los mismos resultados, haciendo que nuestra vida sentimental sea un perfecto círculo. El pez que se muerde la cola.

Amarse a uno mismo para encontrar después a alguien a quien poder amar

Uno de los grandes problemas de hoy en día es que la gente se ha olvidado de quererse. Algo tan sencillo como tener respeto a nosotros mismos, admirar nuestras cualidades y mimar y cuidar las debilidades, es algo que ha sido relegado a un segundo plano, dando prioridad ante todo al mundo exterior. Un mundo lleno de oportunidades, sueños, anhelos y un sin fin de atractivos que potencia esa mirada hacia fuera. Creemos que luchando en el trabajo, en las apariencias, en los bienes terrenales, conseguiremos el éxito, alcanzaremos la dicha y encontraremos todo aquello que siempre hemos querido para nosotros y nuestra vida.

Julián es un hombre honesto y trabajador. Todos los días amanece con el sol y se dedica a trabajar en su negocio propio, el cual no le va nada mal. Julián tiene un par de empleados en un comercio de una calle con bastante tráfico. Él mismo realiza todo tipo de actividades, trabajando como sus otros compañeros, siendo uno más. Atiende a los representantes, realiza todo tipo de recados relacionados el negocio y todo su día es dedicado al mismo, siendo el último en salir de su comercio, cuando el sol ya se ha puesto pasadas unas horas. Al llegar a casa, realiza números, baraja ideas... No tiene pareja, por lo tanto todo su tiempo lo dedica a su máximo interés: conseguir un negocio más próspero, más importante. Tener dinero para sus caprichos (una casa mejor, un coche deportivo, un apartamento en la playa..) y sentirse así alguien con una vida de provecho. Por sus amistades, es considerado como alguien agradable, de buen corazón y con el que puedes contar; es querido por sus familiares y amigos.

Pero en ocasiones, Julián piensa que se siente solo. Tiene sus amigas, compañías agradables y ocasionales dentro de su círculo de amistades. Personas que se encuentran, en unas u otras circunstancias, metidas en la misma vorágine laboral que él mismo. Por lo tanto, se hacen compañía: salen a cenar, a dar una vuelta... y por supuesto, buen sexo. Pero Julián se pregunta en ocasiones por qué no conocerá a alguien en otro tipo de circunstancias. Piensa “tal vez si apareciera alguien distinto, alguien que me aportara más seguridad y confianza, quizás podría tener una relación más estable, alguien con quien compartir todo lo que estoy ganando. Quizá incluso, fundar una familia”. Pero a su día a día no llega nada distinto. Sigue teniendo la misma rutina y, extrañamente, conociendo a mujeres que comparten una especie de patrón: todas tienen una vida laboral agitada, con poco tiempo, donde las prisas y el estrés apenas les dejan tiempo para tener contactos con hombres. Y mucho menos formar una pareja.

¿Qué podemos ver en esta historia? Un hombre con futuro, estabilidad económica, que lucha por sus sueños y que no le importa dormir apenas unas horas al día con tal de conseguir sus metas. Alguien que es querido por quienes le conocen y quien tiene una serie de cualidades que le hacen ser una buena persona. Pero, en el terreno sentimental, no encuentra lo que quiere, sino que una y otra vez se encuentra consigo mismo. Conoce personas en circunstancias similares a las suyas y que no disponen de tiempo para sí mismos, sino que únicamente para conseguir metas materiales que les hagan pertenecer a un estatus o posición que ellos consideran correcto.

Lo más triste de esto es que este tipo de personas no se quieren así mismos. Porque si lo hicieran, en primer lugar dejarían de castigarse en cuerpo y alma por algo que debería ser secundario: el trabajo. Sin embargo, una plaga de hoy en día es la de querer más y más, siempre un punto más arriba. Buscando, planeando, maquinando maneras y formas de ascender, de tener más, de ser alguien importante o tener una rutina económica que les deje respirar en paz. Y en esta búsqueda desenfrenada se olvidan de sí mismos. Se olvidan de cuidarse, de escucharse, de atenderse como seres que necesitan una atención, la cual podríamos llamar espiritual. Amor hacia uno mismo.

Verónica es una mujer madura, con estabilidad económica, que tiene una vida independiente. No tiene pareja, pero hace todo lo posible por conseguirla: tiene una vida social es exceso activa. Está dentro de un círculo de amigas que tampoco tiene pareja y, junto a ellas, recorre restaurantes, terrazas, discotecas... Les gusta salir, bailar y divertirse. Conocen los locales de moda y mucha gente del mundo de la noche. Donde, como es normal, encuentran gran variedad de hombres, con los cuales en algunas ocasiones tienen rollos, aventuras, noches desenfrenadas y alocadas. Viven la vida, respetan y esperan ser respetadas. Pero Verónica en su interior sabe que algo le dice que debe de parar, que la vida que está llevando no es lo que realmente quiere, no es lo que le hará crecer como persona. A esto, le suma el conocimiento de que estar de “flor en flor” no le llevará a lo que en el fondo quiere, lo cual es una relación sincera y armónica. Pero Verónica sigue metida en el mismo círculo, pensando que hace lo que quiere y que hay que vivir, que son dos días. Si algo ha de aparecer, aparecerá cuando deba ser, pero de momento ella disfrutará de la vida.

La persona de esta historia no se respeta a sí misma porque, aun escuchando esa voz que sale de ella, sigue haciendo lo mismo una y otra vez. Prefiere hacer oídos sordos y achacar esos momentos a cualquier razón distinta a lo que realmente es: su voz interior, que le avisa y le marca en momentos de necesidad. Se olvida de lo que tiene por dentro y prefiere mirar hacia fuera, disfrutar de la vida y aprovechar las oportunidades que ésta le ofrece. Prefiere pensar que lo que le queda en el mundo ha de vivirlo y disfrutarlo a tope, y no se da cuenta que lo que está haciendo realmente es vivir mal, vivir por debajo de sus posibilidades, conformándose con lo que se va encontrando día a día.

Quererse a uno mismo es algo indispensable, porque si no te quieres tú... ¿cómo puedes pretender que alguien te quiera? Si tú no te respetas, si no te cuidas, si no miras por ti mismo, ¿cómo puedes esperar que alguien haga lo mínimo que tú deberías hacer por ti? Siempre buscamos una persona que nos quiera, alguien que nos entienda, que se porte bien con nosotros, que nos respete y nos cuide. Pero olvidamos que, para que ello ocurra, ante todo debemos empezar por nosotros mismos; todo el mundo sabe qué es lo que va más o menos mal en su vida, todos conocemos defectos o carencias propios. Aun así, lo dejamos de lado y procuramos ocuparnos de la cara exterior (aspecto, imagen pública, bienes materiales...) ya que ésta es la que se ve, lo que primeramente entra por los ojos. ¿Y qué es lo que ven estos? Pues únicamente encuentran personas que hacen lo mismo: mirar fuera y valorar el mundo exterior. Esa persona probablemente no sepa apreciar a otro realmente porque, si no sabe cómo es él mismo por dentro, no sabrá mirar en el interior de otra persona, y mucho menos valorarla como realmente se merece.


¿Qué conductas podrían desembocar en la aparición de una persona con quien comenzar una relación distinta a lo que hemos tenido?

A continuación, haremos un resumen de lo que hemos visto:

- La sociedad, la familia y las costumbres nos incitan a estar en esa búsqueda constante de la persona ideal para nosotros, siendo casi como una obligación moral.
- Tras los motivos románticos y positivos del gran amor, mucha gente lo que esconde realmente es una serie de carencias propias que le animan a crear dependencias emocionales hacia otras personas.
- Es posible ser feliz y no tener una pareja emocional. Es posible tener una vida plena sin necesitar alguien al lado.
- Si nuestros actos siguen siempre una rutina, unas pautas constantes, los resultados no variarán nunca.
- Has de quererte tú primero para ser capaz de poder querer a alguien y ser a la vez correspondido.

Tras este análisis de los motivos por los cuales se suele buscar el amor, podemos ver que el verdadero significado del amor se ha perdido. La gente quiere amar para ser correspondida. Busca algo que le falta, busca alguien que le dé lo que no tiene: compañía, cariño, tranquilidad, confianza... Lo cual demuestra que, en el fondo, esa búsqueda es egoísta, es un mero trámite para poder respirar tranquilos y sentirnos que somos felices. Una felicidad temporal, falsa, porque cuando la pareja se rompe... adiós a la dicha, adiós a esos momentos mágicos. La felicidad se trunca en tristeza y trauma, y esa persona queda herida, mutilada emocionalmente, añadiendo así un peso más a la carga que va llevando según pasan los años. Y lo peor de todo es que esto, tarde o temprano, será volcado en la próxima relación si no se soluciona, si no se toman cartas en el asunto.

En primer lugar, deberíamos darnos cuenta de que el amor es algo espontáneo, algo que ocurre por sí solo. No es algo que se pueda programar, no es algo que se pueda crear de la nada. Esa búsqueda incesante de una persona que nos acompañe en nuestro camino hace que no elijamos bien, que erremos el tiro y fijemos nuestra vista y esperanzas en personas equivocadas. Dicen que el que busca sólo encuentra una cosa: la carencia de algo. Una persona que se confirma día a día, con sus actos y costumbres, en que le falta algo, obtendrá únicamente esa necesidad, esa carencia, porque es lo que piensa de sí mismo. Y la vida siempre te trae, lo quieras creer o no, todo aquello que tienes en mente de forma constante, todo aquello que sientes. Y si únicamente piensas en que te falta algo... seguirás experimentando una y otra vez dicha falta.

Sin embargo, si dejamos de fijarnos en lo que no tenemos y nos centramos en lo que tenemos, todo puede cambiar. El amor por uno mismo, por lo que se es y por lo que se tiene, es algo imprescindible. Porque ese mirar al interior y aceptarse como uno es, valorando lo que tienes y siendo feliz con ello, nos hará crecer como personas. Nos ayudará a ser conscientes de nuestro verdadero potencial, nos mostrará lo maravilloso que es cada uno y hará que nuestra vida se mueva en cotas más altas. Mejorar nuestra imagen hacia nosotros mismos, hará que nos movamos con mayor soltura y confianza por la vida. Una persona que se quiere, que se tiene en estima, que siempre utiliza atributos positivos para sí mismo y que se apoya y mima cuando comete algún fallo, es alguien que indudablemente siempre recorrerá un camino evolutivo a más y mejor. Sin embargo, si te dedicas a castigarte, a insultarte cuando cometes errores, a destacar únicamente lo malo y lo que te falta, te hundirás cada vez más en un pozo depresivo, donde el fondo no es posible verse. Por lo tanto, ante todo y sobre todo, hemos de poner atención en nosotros mismos, dejar de buscar en otras personas lo que no tenemos y mejorarnos nosotros, atendiéndonos como nos merecemos. Quererse, aceptarse y mejorarse es la clave principal para que nuestra vida dé un cambio de rumbo y se encamine hacia una ruptura de las viejas y negativas costumbres. Cuando los actos son cambiados, cuando los nuevos son meditados y claramente positivos, atraeremos hacia nuestra vida distintas y nuevas circunstancias y experiencias, las cuales serán positivas ya que, si cuidamos de nosotros y nos dedicamos a darnos los mejor, nos veremos metidos en rutinas y acciones que atraigan hacia nosotros experiencias iguales.

Hemos podido ver en las historias contadas que un hombre que trabaja sin descanso sólo atrae personas que tienen las mismas prioridades y el mismo poco tiempo para relacionarse. Se ha explicado cómo, repitiendo una y otra vez los mismos actos, sólo obtendremos las mismas experiencias; alguien dependiente de su pareja, que agobia y se entrega al máximo a la relación, conseguirá cansar a su acompañante, y esta repetición pasará en sus siguientes relaciones si sigue comportándose de la misma manera. También se ha puesto un ejemplo de la persona que, para encontrar alguien especial, prueba incesantemente, lo cual sólo le ofrecerá lo mismo una y otra vez. Pero, ¿qué ocurrirá con alguien que cambie sus costumbres y empiece por sí mismo antes de querer a alguien a su lado? Para muestra, un botón:

Pablo es un joven con una vida sencilla, normal. Trabaja en algo que, aunque no sea su ideal, le ofrece algo que valora mucho: tiempo libre. El cual utiliza para ir al gimnasio, leer, recibir clases de guitarra y varias actividades que le tienen ocupado. Los fines de semana, prefiere usar un horario diurno, pero si sus amigos le ofrecen un plan que le guste, no duda en salir una noche. Aunque con lo que más disfruta es quedándose un sábado por la noche en casa, viendo una película y estando en tranquilidad. Pablo no tiene pareja, pero es algo que no le preocupa: ha abandonado la búsqueda de una mujer especial. Hace mucho que se dejó de rollos de una noche, probando, y llegó a la conclusión de que lo que tiene en la vida es lo mejor que le puede ocurrir en ese momento, aceptando su existencia tal y como es. Y disfruta de ello, porque se dedica a atenderse y a explotar todo lo bueno que tiene. Un día, tras el trabajo, se encuentra con Luis, un buen amigo suyo. Hacía mucho tiempo que no se veían, y tras un abrazo y un intercambio rápido de saludos, van a tomarse algo a un bar cercano y ponerse al día respecto a la vida de cada uno. Charla amena, de amigo a amigo, donde se respiran buenos sentimientos. De pronto, alguien se acerca a la mesa y saluda a Luis. Es una mujer, guapa y muy agradable, que sonríe mientras habla y transmite tranquilidad y seguridad. Luis le presenta a Paula a su amigo Pablo; éste le ofrece sentarse con ellos, ella accede de buena gana y los tres pasan un buen rato. Pablo, tras escucharla y verla, comienza a pensar que Paula es distinta, que le gusta. Ella le ofrece a él alguna mirada, alguna sonrisa que Pablo interpreta inequívocamente como interés. Tras un par de horas, ella dice que tiene que irse y el grupo se desintegra, los chicos aprovechan también para seguir con su día. A los dos días, Luis llama a Pablo y le dice que Paula ha preguntado por él, que si sería posible obtener su número de teléfono. Tras una llamada y una conversación agradable, Pablo y Paula comienzan a verse, conocerse, y darse cuenta de que son compatibles. Se gustan, les encanta estar juntos, y los valores e intereses del otro, son bien recibidos y admirados, ya que ambos gozan de una vida equilibrada y se cuidan mucho. El transcurrir del tiempo hace que inicien una relación de pareja que es, para ambos, lo mejor que han tenido hasta el momento, siendo ésta basada en el respeto hacia el otro, sus actividades y su persona en general, creando así una armonía sana y constructiva.

Pablo y Paula, dos personas que se quieren a si mismos, que tienen una vida ordenada, donde cada uno es lo más importante para su propia persona. No se dedican a buscar, a esperar, simplemente viven su vida, se quieren y tratan de darse siempre lo mejor. Y la vida les responde con lo mismo: alguien en las mismas condiciones y que les hace darse cuenta de que han conocido a una persona especial.

La búsqueda del amor es una frase que siempre ha sido usada como sinónimo de buscar a otra persona. Pero debería enfocarse en buscar el amor hacia uno mismo para poder encontrar, de forma no premeditada, alguien con quien de verdad comenzar una relación de pareja como no se ha tenido antes. Porque si no nos amamos a nosotros mismos... ¿qué podemos esperar de otros?


Fuente:http://www.empareja2.es

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